Josefina, para los investigadores
Ver transcripción (también impresa en el documento 20)
Esto es para ustedes. Les cuento mi sábado, para que tengan todo.
A las siete hice el remontaje de las cubas tres y cinco. Densidad y temperatura, lo normal. Después estuve en el laboratorio hasta el almuerzo.
Almorzamos a la una: mi papá, Carmen, Luc, mi hermano y yo. Cristóbal y yo discutimos. Por lo de siempre: la viña, la herencia, que yo me quedé con todo. Como a las cuatro llegó don Raúl a gritarle a mi papá en el deslinde, por el agua. Mi hermano se quedó enojado en su pieza y se fue como a las siete y media.
A las seis menos cuarto hice el otro remontaje, cubas dos y cuatro.
Como a las ocho y media me fui a la caseta de la romana a esperar el último camión de Carménère, del cuartel nueve. Llegó tarde, a las nueve menos cuarto. Lo pesé, descargamos los bins en el acopio y lo volví a pesar vacío. El camión se fue como a las nueve y cinco. Don Héctor me vio todo el rato; la romana está al lado de la portería.
Después me fui a mi casa a arreglarme. Era la despedida de soltera de la Coni, en Santa Cruz. Salí a las veinte para las diez. Volví a las dos y veinte, en radiotaxi. Tengo la boleta.
El domingo me despertó Carmen. Gritando.
Yo esa noche… No importa. No tiene que ver.
Mi papá no se equivocaba con la sala de cubas. Nunca. Él me enseñó a no entrar sin mirar primero la luz de la alarma.
Les mando todas las grabaciones. Las hice con el celular, como pude. Escúchenlas con calma. Yo ya no puedo.